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de Oposiciones
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El Derecho existe esencialmente para regular las relaciones humanas e impartir justicia. Se trata por tanto de alcanzar un punto de equilibrio a través de la fundamentación en juicios sensatos. Sin embargo, el ser humano está sometido a diferentes sesgos perceptivos, a estados emocionales y motivacionales, que en un momento concreto pueden confundirnos de tal modo que lo menos conveniente se nos presente como lo más adecuado y de esa manera, creyendo que hacemos lo correcto, caemos en el error.

La preparación de una oposición tiene mucho que ver con el equilibrio entre las fases de disciplina y descanso. Las dos son igual de importantes. El desequilibrio en una de ellas provoca el desequilibrio en la otra y esos desequilibrios producen inevitablemente un bajón en el rendimiento.

Tras reunir la motivación necesaria para sumergirse en el proyecto de opositar, llega la hora, no sólo de afrontar ese reto con ilusión, sino de planificar el estudio. Obviamente disponemos de unos preparadores que nos marcan el ritmo de temario, troceando la materia y marcando unos plazos que en multitud de ocasiones se nos pasarán volando. Eso genera un estado constante de estrés y ansiedad que afecta a la disciplina de estudio y a nuestro descanso. A la primera por miedo a no cumplir los plazos; al segundo porque el estrés no nos permite descansar como deberíamos.

Este artículo tiene como propósito subrayar que la disciplina dentro de la oposición es un concepto holístico, afecta a todo. Es decir, que debéis ser disciplinados tanto en el estudio como en el descanso. Vamos a poner un ejemplo: una persona que se pone a dieta y que al mismo tiempo que deja de comer aquello que engorda, comienza una rutina de ejercicio. Poco a poco se va poniendo en forma, tanto que en lugar de correr los diez kilómetros habituales se pone a correr veinte y confiado en que el exceso de ejercicio podrá permitirle licencias en la dieta, se ducha tras la paliza y baja a comprar comida que engorda. ¿Qué creéis que sucederá con el tiempo? Paulatinamente, sus excesos con el ejercicio le condenarán al agotamiento físico, a la desmotivación, y será en ese instante cuando los malos hábitos en la dieta le llevarán a recuperar todo el peso que había perdido.

Lo que queremos decir es que si estudiáis ocho horas al día estudiad esas ocho horas. No diez, ni doce. La disciplina de estudio es esa: ocho horas diarias. Y después descansad. Disciplinaros en cerrar los libros y descansar. Evadiros de la oposición durante ese tiempo, sin pensar en qué más podríais haber hecho o en lo que os toca estudiar mañana. Y cuando llegue el domingo aparcad el estudio y disfrutad del día. Porque la oposición es una carrera de fondo. Y en una maratón es tan importante la buena disposición y el estado físico óptimo, como saber respirar, estar permanentemente oxigenados y llevar siempre el aire necesario en los pulmones.

Si somos justos con nosotros mismos, si conseguimos mantener el balance interior de esos vasos comunicantes en un punto de equilibrio, disfrutando tanto a la hora de hincar los codos como cuando nos toca descansar, al final descubriremos que estamos descansados para estudiar, que el rendimiento de ese tiempo de estudio se multiplica y que, en consecuencia, el descanso se disfruta plenamente, sin agobios por lo que resta de temario ni temores por nuestro futuro o por la resolución de la oposición.

Y nada más. Os dejo como siempre un temazo de mi recopilatorio de música para opositar: “You Get What you Give” de New Radicals. Cada vez que la escuchaba me entraba un subidón motivacional estupendo. Espero que os haga sentir lo mismo.

¡¡Feliz Año y un saludo!!

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